Entrevista: “El lucro nos ha hecho perder el control”

Entrevista a Pabla Pérez San Martín

Creadora de https://ginecologianatural.wordpress.com/

Facilitadora de Talleres de sexualidad y Ginecología Natural con uso de hierbas medicinales.

30 de Junio, 2011

 

– Muchas persona plantean que existe una especie de “negocio” en torno a las cesáreas y que como éstas son más costosas, son más realizadas por los médicos. En ese sentido, ¿ves que esto es así?, ¿por qué crees que sucede?

La naturaleza nos brindó la posibilidad de poder parir a través de la vagina y gozar de un útero que abrigara a nuestros hijos durante 9 meses. Las cesáreas son una intervención quirúrgica en la que se realiza una incisión en el abdomen y útero de la mujer para extraer de manera artificial al bebé, por lo cual debiera practicarse solo en casos de riesgos vitales tanto para la madre como para el bebé. Es un acto que no forma parte de la naturaleza de nuestros cuerpos y que reitero solo debiera realizarse en situaciones de peligro.

Sin embargo, vemos que las cesáreas se llevan a la práctica cada vez más, como si fuera natural nacer de esta forma. En Chile tenemos un cuantioso número de nacimientos por cesárea: en el sector público existe un 35% de nacimientos por cirugías y en el sector privado un 60%. Tenemos entonces las tasas más altas de todo Sudamérica, considerando que la Organización Mundial de la Salud recomienda que solo debiera practicarse en un 10% de los casos y como máximo en un 15% en los centros de salud de cualquier región del mundo; es decir que como país redoblamos los parámetros aceptados mundialmente.

Es importante señalar que los nacimientos de este tipo, a diferencia de un parto natural/vaginal, requieren de una serie de aparatos y arsenales médicos que tienen un alto costo, por lo que las diferencias económicas llegan a ser de hasta el 100%. Así lo evidencia un estudio realizado por el proyecto FONIS 2009, denominado “Re-visión del parto personalizado en Chile”, donde demuestran las diferencias de gastos monetarios que implica la atención de los distintos tipos de nacimiento, ejemplificando al hospital público de Villarrica, IX Región. Las fluctuaciones son las siguientes:

 

–        Parto natural: $2.564

–        Parto con vía venosa más registro basal: $3.300

–        Parto con aceleración de oxitocina: $8.296

–        Parto con epidural: $15.010

–        Cesárea: $115.000

Nota: Considera sólo los insumos, sin incluir costo de personal ni días-cama.

Como podemos ver, las diferencias de los valores son enormes, sin considerar que en el sector privado estos valores realmente se doblan. Analizando esta situación, es lógico creer que existe un negocio con respecto a los nacimientos; consideremos además que la recuperación de una cirugía es mucho más lenta que la de un parto vaginal, lo que implica más días en el centro de salud, lo que aumenta el costo de asistencia. Además, como si fuera poco, la cesárea tiene 6 veces más riegos de salud para la mujer que un parto vaginal, como por ejemplo: rechazo a la anestesia, reacciones adversas a los medicamentos, infecciones de vejiga y útero, histerectomía, hemorragias y lesiones al recién nacido. Estos riesgos requieren 5 veces más asistencia respiratoria que un parto vaginal, todo estadísticamente hablando. Otro factor importante de riesgo que acarrea muchas veces la cesárea es que aumenta la depresión post parto, altera el proceso natural de apego inmediato y de lactancia.

Cada día aumentan los casos de mujeres a las que al momento de parir se les realiza una cesárea imprevista. Muchas veces a las parturientas ni siquiera se les explica qué es lo que está sucediendo, e incluso deliberadamente se les miente para hacerlas creer que sus cuerpos no son apropiados para dar a luz. En nuestro país, las mujeres se esfuerzan por pagar una clínica privada, para no ser atendidas en un hospital público, donde son comunes los malos tratos del personal, el hacinamiento,  la falta de higiene, etc. Sin embargo, es en los centros privados donde curiosamente abundan más las cesáreas, y muchas mujeres se ven enfrentadas a la cruel realidad de una cesárea en el último minuto del parto, una intervención que ellas no deseaban, haciéndolas sufrir y separándolas muchas veces de sus hijos. Esto altera todo el proceso natural por el que debe pasar un bebé a través del canal de parto: mantener contacto directo con su madre, apego inmediato y lactancia exclusiva.

En conclusión, creo que todo esto sucede porque vivimos inmersos en un estilo de vida que va de la mano con un sistema económico de mercado capitalista y patriarcal que nos ha hecho perder el control de nuestra sexualidad, relegándonos a subsistir meramente como máquinas bajo un control automático de nuestros cuerpos. Esta alienación no se detiene nunca, solo hasta que el cuerpo se ve afectado o enfermo; es ahí cuando se “detiene” y se acude a la medicina para que repare esa parte afectada. Sin embargo, no vamos a la raíz, al origen de nuestras afecciones, no vemos más allá de lo que se nos impone diariamente en la televisión y la publicidad. Detrás de esto existe un gran mercado que es el negocio de la salud y las industrias medicas/farmacéuticas; ellos han hecho muy bien su trabajo engañando a las personas y haciéndolas creer que vivimos en un mundo enfermo y que ellos siempre estarán velando por nuestra seguridad y que para eso necesitan crear tanta medicina de “prevención”…

Creo que nosotros, como sociedad y consumidores de enfermedad, tenemos el 50% de responsabilidad en todo esto porque no nos informamos, ni cuestionamos desde adentro. Solo responsabilizamos a los agentes externos de nuestra dolencias, pero no vemos más allá ni tomamos el control de nuestra salud a través de cambios tan básicos como mejorar nuestra alimentación, dormir las horas necesarias, respirar aire puro, hacer ejercicio, entre tantas otras cosas, tan mínimas, que podríamos considerar para empezar a cuidar nuestros cuerpos y no dejar que otros nos invadan y terminemos lamentándonos por no habernos cuidado  antes.

 

– ¿Las cesáreas pueden traer consecuencias negativas para el organismo de la mamá?, ¿por qué es mejor un parto natural?

Como comentaba antes, existen estudios que demuestran que la cesárea puede ser de 6 a 7 veces más riesgosa que un parto vaginal, generando mayor probabilidad de muerte materna, coágulos en piernas, tener luego que reingresar al hospital, test de APGAR bajo, incidencia de placenta previa después de 1, 2 o más cesáreas, entre otras consecuencias comentadas en la respuesta anterior.

Ahora, dar razones: ¿Por qué es mejor un parto natural?. Simplemente porque así es el proceso natural de la vida. Es la manera más noble de nacer, donde el cuerpo de la mujer y el del bebé saben lo que tienen que hacer… desde hace miles de siglos las mujeres han parido de forma natural, pero actualmente existen muchos mitos en torno al dolor en el parto, y por eso también que muchas madres optan por la cesárea programada. Sin embargo, lo que muchas mujeres viven dolorosamente no es el parto en sí, sino todas las intervenciones médicas que hacen del parto una situación estresante y dolorosa que no dejan a la mujer disfrutarlo tranquilamente y plenamente como el acto sagrado que es.

Las constantes hostigaciones e intervenciones médicas a las que se ven expuestas las mujeres, como tactos vaginales, cortes de episiotomía, amarras en las piernas, utilización de fórceps en la cabeza del bebé, y un sinnúmero de prácticas violentas que realiza el equipo médico durante el parto, sin considerar las necesidades biológicas e instintivas de la madre, a veces tan simples como poder caminar o tomar agua, generan estrés y retrasan el proceso natural del parto.

Es por esto que La organización Mundial de la Salud creó hace 26 años una serie de recomendaciones sobre la tecnología apropiada para el parto, denominada Declaración de Fortaleza de 1985. En esta declaración detalla cada una de las prácticas usuales que debieran llevarse a cabo en un parto, así como también las que no debieran practicarse porque sólo se realizan de manera rutinaria y no demuestran ninguna seguridad para la salud de la madre y la del bebé. Es así que nos encontramos con una serie de ejercicios que son aplicados de manera rutinaria y que son muy invasivas para nuestro cuerpo.

Entre ellas se cuentan: el uso rutinario del enema; rasurado púbico; infusión intravenosa; inserción de cánula intravenosa profiláctica; posición en decúbito supino durante la dilación; examen rectal; administración de oxitócicos antes del nacimiento; posición rutinaria de litotomia; esfuerzos de pujo sostenidos y dirigidos durante la segunda fase de parto; restricción de líquidos y alimentos durante el parto; aplicación de anestesia epidural; monitoreo fetal electrónico; llevar mascarillas y batas estériles; exámenes vaginales (tactos) repetidos o frecuentes, especialmente si los realiza más de un asistente; cateterización de la vejiga, uso liberal o sistemático de la episiotomía; exploración manual del útero después del alumbramiento, etc.

La lista es muy larga y puede ser revisada y descargada desde internet. Este documento me fue de mucha ayuda en mi caso, lo llevé al hospital acompañado de un plan de parto con mi firma, señalando una serie de situaciones a las que no quería verme sometida en mi parto y me fueron respetadas en un hospital público de la V región a finales del año pasado, 2010.

Por otra parte, no quiero dejar de comentar algo con respecto al dolor en el parto caricaturizado a través de la historia, lo que ha generado mucho temor en las mujeres. Existen investigaciones como la de Juan Merelo-Barberá, quien en su libro Parirás con Placer (La sexología y el orgasmo en el parto), expone, a través de datos realizados a partir de sus indagaciones, cientos de casos en los cuales muchas mujeres han experimentado placer durante el parto.

Cito además desde el libro de Casilda Rodrigáñez, Pariremos con placer: Wilhelm Reich, médico siquiatra psicoanalista, escribió: “Durante siglos, la mayoría de los úteros han sido espásticos, y por eso los nacimientos han sido dolorosos”. Existe evidencia desde el ensayista francés del siglo XVI Montaigne, quien afirmaba que había pueblos enteros en donde se desconocía el dolor en el parto. Asimismo, Bartolomé de las Casas refería que el parto de las indígenas del Caribe que había conocido se producía sin dolor. George Groddecken, en el siglo pasado, fue más lejos asegurando que los terribles dolores del parto ocultan gran cantidad de placer, coincidiendo con el anatomista francés Ambroise Paré (1575), quien en su tratado de anatomía decía que “la acción y utilidad de la matriz es concebir y engendrar con un placer extremo”.

Estos datos respaldan incluso mi experiencia personal de parto, el cual traté de vivirlo de la manera menos intervenida posible y menos dolorosa, lo que fue todo un éxito. Con esto quiero desmitificar el hecho de que los partos son sinónimo de sufrimiento, justificando así que las mujeres opten por una cesárea programada.

Las mujeres deben informarse y saber que los nacimientos pueden vivirse plenamente, controlando el dolor y transformándolo en amor y placer. Debemos derribar mitos y tratar de prepararnos antes de llegar a un centro hospitalario desinformadas de todo lo que allí ocurrirá; debemos hacer valer nuestro derecho a ser respetadas. Además, hoy en día existen alternativas de parto humanizado, o más bien personalizado, como también la posibilidad de tener un parto en casa…

 

Otro tema que nos llama la atención es el de la “Fertilidad”, donde existe un sinnúmero de tratamientos, todos muy costosos y por ende, no pueden ser costeados por todos. Los que sí pueden pagar, a veces pasan de uno a otro hasta quedar esperando un hijo. En ese sentido, ¿crees que los médicos o quienes entregan estos tratamientos lucran con la necesidad de una persona (o pareja)?

Nuevamente nos encontramos con un aprovechamiento indiscriminado desde la industria médica con la salud de las mujeres y hombres que buscan desesperadamente una posibilidad aunque sea mínima de tener hijos…

Acá en Chile el mercado no es tan grande como en Europa o Estados Unidos, pero, como país en vías de desarrollo y buen seguidor de las nuevas tendencias, ya vamos en camino hacia la alta tecnología de la fertilidad artificial.

Los tratamientos son muy costosos y de larga duración. Muchos cumplen su objetivo, se dice que en un 60% de los casos, pero no sabemos realmente si es porque así fue el proceso natural de nuestros cuerpos o porque la bio-tecnología lo ha logrado. Aunque estas técnicas aseguran que no siempre son efectivas. Conozco casos de cerca donde los tratamientos clínicos después de mucho tiempo no han sido favorables, creando abortos debido a embarazos tubarios. También, en otro caso cercano, el resultado de los exámenes señalaba que los espermios del varón tenían un mínimo porcentaje de ser fértiles, cuando apenas unas semanas antes éste ya había fecundado el óvulo de la mujer, ellos sin saberlo. Ya pensaban que les sería imposible tener hijos.

Descartando una malformación o enfermedad grave que impida que nuestros cuerpos puedan engendrar hijos, existen muchos factores que inciden en nuestra salud y fertilidad, como la contaminación, la mala alimentación, el estilo de vida (mucho trabajo y estrés), las depresiones, bajas de defensas, el exceso de alcohol o tabaco, productos de limpieza íntima o lubricantes sexuales, la vestimenta sintética y ajustada en los testículos, la anorexia, la bulimia, la obesidad, entre otras. Es importante destacar que muchas veces el principal impedimento para poder embarazarse es la exorbitante ansiedad de comprobar que la concepción no sucede cuando una la quiere, lo que genera intranquilidad y angustia en nuestros cuerpos. Enviando esta señal a todo nuestro sistema generamos un bloqueo a nuestra fertilidad, pues todos los factores que la alteran tienen que ver con un descontrol en nuestros cuerpos, algo que afecta el equilibrio de nuestra salud.

Creo fielmente que en problemas de fertilidad debiéramos ser pacientes, los hijos llegan cuando así debe ser. Creo que debemos intentar por métodos menos invasivos antes de empezar directamente con un método clínico que además costará mucho dinero y que, posiblemente, se tarde varios meses antes que suceda el embarazo. Recomiendo ser pacientes y buscar la raíz del problema, mejorar nuestros hábitos de vida, los que afectan nuestra salud.

 

A lo anterior, se suma otra área: la de la sexualidad, donde se habla del negocio de ésta en cosas como el consumo de fármacos para mejorar “la performance sexual” (viagra masculino y femenino por ejemplo) y otros como aquellos médicos que dicen curar la homosexualidad. En ese sentido, ¿por qué como individuos y también como sociedad necesitamos agarrarnos a algo externo (y pagamos por ello) para funcionar bien o acorde a lo que nuestro entorno?

 

Volvemos una vez más al negocio de la salud y más bien a estos temas de la sexualidad. Sí bien las empresas son las responsables de este montaje de productos que son muchas veces un engaño, por otra parte estamos los consumidores, quienes pagamos y exigimos estos medicamentos para que solucionen nuestras vidas.

Veo un desconocimiento total de nuestra sexualidad y una pobreza al respecto de la misma. En los talleres que realizo sobre Ginecología Natural y Prácticas de  Autogestión, hay un momento donde expongo un video que muestra una vagina y explica cómo realizarse un autoexamen con un espéculo, (práctica rutinaria que realizan los doctores en una consulta médica). Este video de autoconocimiento causa mucha controversia en las mismas mujeres, las que en su mayoría nunca han mirado su propia vagina. ¿Por qué una persona desconocida puede hacerlo y nosotras no? Resulta imprescindible para conocer nuestros cuerpos y llegar a un entendimiento de nuestra salud.

¿Por qué en vez de buscar potenciadores sexuales no exploramos nuestra sexualidad con creatividad y amor, no nos damos placer a nosotras mismas a través de nuestras prácticas sexuales o, por ejemplo, de la masturbación? ¿Por qué mejor no enriquecer nuestra sexualidad desde adentro, conociéndonos a nosotras mismas…? Muchas veces se debe a que ni siquiera sabemos qué es lo que nos gusta. Por este desconocimiento, creo que necesitamos aferrarnos a algo externo y creer que nos salvará la vida y mejorará nuestro apetito sexual. Y bueno, no me sorprende que dentro de este sistema existan ciertos médicos absurdos que crean que la homosexualidad es una enfermedad, así como existen médicos que eliminan para siempre la menstruación o extirpan el útero. Todo forma parte de un negocio y de una maratón de publicidad engañosa.

 

¿Crees que la sexualidad y en este caso también la maternidad – como tantas cosas – se volvieron también un negocio? ¿por qué?

 

Claramente es también un negocio. Vemos la maternidad hoy en día como una inversión, nos hacen creer que tener un hijo es un gasto tremendo y que debemos ser la súper mamá que aparece en la publicidad, aquella que tiene toda la tecnología de punta: la mejor cuna, coche, mamadera, chupete, suplementos alimenticios, ropa de marca y un montón de juguetes y artefactos que supuestamente mejoran la calidad de vida de nuestros hijos, llegando incluso a “aumentar su inteligencia”… pero veo en todo esto un negocio, nada más. Ser madre implica entregar amor y dedicación a nuestros pequeños y no preocuparse de toda la vanguardia que nos entrega el mercado.

Lo mejor que podemos hacer como madres o futuras madres es saber que tenemos que  escuchar la sabiduría de nuestros cuerpos y el instinto mamífero que tenemos. Que tan solo con mucho amor, paciencia y tiempo debemos disfrutar de la infancia que tenemos que cobijar, y que fortalecer los lazos de amistad y que mejorar la calidad de vida de nuestros hijos no significa consumir todo lo que ofrece el mercado para que ellos sean felices. Que es más simple: el tiempo, la paciencia y el amor lo hacen mejor.

 

Carla González C.

Periodista Punto Vital

cgonzalez@puntovital.cl
www.puntovital.cl

 

 

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